Todo está en Black Mirror

Todo está en Black Mirror

Supongo que lo sabéis pero por si acaso: apuntad en rojo en el calendario el 29 de diciembre. Netflix quiere acabar el año a lo grande y ese día va a publicar la cuarta temporada de Black Mirror. Se estrenarán 6 nuevos capítulos, que se añaden a los 13 que ya conocemos.

La antológica serie británica creada por Charlie Brook te atrapa desde el primer momento. Es especial e inquietante. Los personajes y las tramas de cada episodio son distintos pero todos tienen el denominador común de poner el foco sobre los riesgos de las redes sociales y las nuevas tecnologías. Y todos te dejan un sabor amargo cuando acaba el capítulo.

 Mi episodio favorito es el primero de la tercera temporada (Caída en picado) porque retrata de forma clarividente la relevancia cada mejor mayor de las puntuaciones en servicios como Uber o TripAdvisor y anticipa lo mal que podemos terminar si continuamos con la obsesión por los likes en Facebook, Instagram y equivalentes.

Las redes sociales son un tema recurrente en la serie, en especial el poder e influencia que pueden llegar a ejercer. El episodio con el que se inaugura Black Mirror es toda una declaración de intenciones: un miembro de la familia real británica ha sido secuestrado y morirá si el primer ministro no aparece en directo en televisión manteniendo relaciones sexuales con un cerdo. El círculo se cierra en “Odio Nacional” el último capítulo de la tercera temporada cuando un hacker vulnera los sistemas de seguridad de la empresa que gestiona las abejas-drones encargadas de polinizar flores y las convierte en pequeñas máquinas asesinas dirigidas contra personas odiadas en las redes sociales. En este episodio se pone también de manifiesto dos riesgos muy serios: a) el peligro de que máquinas pensadas para un propósito positivo puedan ser hackeadas y transformadas en armas letales y b) las consecuencias que puede tener permitir uso armas letales autónomas basadas en inteligencia artificial.

En un mundo cada vez más alienado y deshumanizado, algunos optan por revivir partes de su vida gracias al implante de memoria que tienen instalado (Toda su historia E3, T1) y otros por evadirse a mundo virtuales (Playtesting E2, T3 o San Junipero E4, T3). La delgada línea entre realidad virtual y realidad real se explora magistralmente en “El momento Waldo” cuando un oso de dibujos animados maleducado e irreverente se presenta a las elecciones. ¿No os recuerda a alguien?

En definitiva, Black Mirror es un escaparate que nos plantea los riesgos éticos, legales, técnicos, sociales, etc. a los que nos podemos enfrentar a corto plazo y nos sirve para reflexionar sobre la mejor forma de anticiparnos y prevenirlos. Es ciencia ficción pero ¿por cuánto tiempo?

Foto del usuario de Flickr Maurizio Costanzo

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