Sexo con robots

Sexo con robots

En varias ocasiones la industria audiovisual se ha ocupado de explorar, en películas y series, el tema de las relaciones afectivas entre humanos y robots. Según algunos expertos, las cuestiones que se plantean en Her, ExMachina, Lars and the real girl o Real Humans van a dejar de ser ciencia ficción en breve.

“Los robots sustituirán a los hombres en la cama en menos de diez años” es el provocador título de este post, que afirma que en 2050 todas las relaciones sexuales serán con robots. Lo dudo. Más bien creo que, como se explica en este reciente artículo de BBC Future, los robots sexuales –no las muñecas, ni los aparatos– no llegarán tan pronto porque son algo mucho más complicado.

Un verdadero robot sexual debería seguir la mirada de su usuario, responder a sus expresiones faciales y predecir e incluso iniciar acciones que el usuario pueda disfrutar. Aprendería las posiciones y la presión que el usuario más disfruta, preguntaría y respondería preguntas durante el sexo; y ejecutaría el tipo de trabajo emocional que realizan las parejas sexuales.

Nada de esto parece que vaya a ocurrir a corto plazo. De hecho, ahora mismo, no son capaces ni de ponerse de pie.

A favor de la aceptación de estos robots sexuales está, lógicamente, la industria que los fabrica que argumenta que se trata de máquinas que no juzgan ni ponen en peligro una relación y que incluso la pueden mejorar porque permiten explorar opciones que tu pareja no desea. Sus detractores consideran que estas prácticas contribuyen a reforzar la idea de que la mujer (o el hombre) es un mero objeto, reducen la empatía y, no solo no disminuyen la explotación sexual, sino que incrementan la demanda de prostitución.

Por otro lado, Jincey Lumpkin plantea en una charla de TED el tema de los derechos de los robots desde la perspectiva sexual. La ponencia empieza con una pregunta interesante cuándo un robot deja de ser una máquina y se convierte en “alguien” para, inmediatamente, plantear otra cuestión más agresiva ¿puede un robot ser violado? Hay que aclarar que no se está refiriendo a muñecas hinchables más o menos sofisticadas sino a un humanoide llamado Roxxxy dotado de un cierto grado de inteligencia artificial que le permite tener conversaciones, responder al tacto y recordar tus gustos.

¿Puede prestar su consentimiento un humanoide de estas características? En el caso de que no tenga opción de negarse al acto sexual, Jincey sugiere que sería un supuesto parecido al de la esclavitud, que debería estar prohibido.

El tema se puede llevar un poco más allá y preguntarse si tiene sentido el matrimonio entre humanos y robots. El profesor Gary Marchant argumenta que sí basándose en la reciente sentencia del Tribunal Supremo americano del caso Obergefell v. Hodges, que legaliza el matrimonio homosexual en EEUU.

Según Marchant, el problema se reduce al “derecho fundamental” de una persona en una sociedad libre de elegir la naturaleza de las relaciones y el estilo de vida que quiere seguir, siempre que lo haga sin dañar a los demás.

De acuerdo con su tesis, el matrimonio robot-humano no está enfocado a los derechos de los robots; se trata del derecho de un ser humano para elegir a casarse con quien quiera, incluso con un robot. Marchant opina que, aunque hoy pocas personas entienden o apoyan este tipo de relaciones, conforme los robots se vuelvan más sofisticados y “humanos”, más y más gente va a encontrar el amor, la felicidad y la intimidad en los brazos de una máquina, lo que propiciará que la institución matrimonial tenga que evolucionar de nuevo.

Creo que una vez más se están llevando las cosas al extremo. Con el grado de autonomía, la capacidad de aprendizaje y la (nula) conciencia de sí mismos de que disponen ahora mismo los robots, no tiene sentido pensar en ningún tipo de derechos matrimoniales o sexuales.

Foto del usuario de Flickr Nick Turner

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