Retos de la compra de dispositivos y servicios robóticos

Retos de la compra de dispositivos y servicios robóticos

Artículo escrito por Gisela Santos Agudo – Abogada experta en Nuevas Tecnologías y Data Protection

En los últimos meses y cada vez con mayor frecuencia, nos encontramos con noticias que ponen de manifiesto las aplicaciones prácticas y reales de los dispositivos vinculados con la inteligencia artificial. Entre otros, los robots son dispositivos cada vez más accesibles en el mercado y su potencial es codiciado por muchas empresas que en el marco de la llamada Cuarta Revolución Industrial, ven en ellos a grandes aliados para alcanzar sus objetivos empresariales. En el momento actual ya podemos afirmar que en un futuro más próximo de lo que pensamos, la inteligencia artificial, los drones y las impresoras 3D, entre otras tecnologías disruptivas, serán artífices y protagonistas del escenario empresarial y ser disruptivo será un objetivo para las empresas que por ejemplo, podrán aprovechar la capacidad de los robots para desarrollar conductas o realizar ciertas actividades de cara a hacer más eficientes sus procesos o incluso plantear nuevas soluciones.

En este marco en el que las empresas quieren aprovechar el potencial de estas tecnologías, es importante comprender los retos que la compra de estos dispositivos y servicios plantean desde la perspectiva legal. El miedo a lo desconocido, a la inseguridad jurídica, a los vacíos regulatorios y a las responsabilidades que se puedan derivar de la interacción de estos productos tan disruptivos , novedosos y en continua evolución, son algunos de los motivos que provocan en el cliente de los mismos, el querer minimizar al máximo las responsabilidades que en el marco de la implantación de robots en su organización pudieran llegar a imputársele, prefiriendo transferir todos los riesgos en este sentido al fabricante o desarrollador de los mismos.

Es importante en las negociaciones contractuales relacionadas con tecnologías disruptivas, tomar como punto de partida el hecho de que la velocidad de la innovación supera con creces la del legislador, y por ende, no vamos a contar con un marco jurídico que regule sin que el mismo dé lugar a dudas todos aquellos productos o servicios, y mucho menos con una jurisprudencia que nos paute interpretaciones y nos dé cierto confort, sobre todo en los momentos iniciales de estas tecnologías.

Por todo lo anteriormente expuesto, y considerando el hecho de que no hay vuelta atrás y la cuarta revolución ya es una realidad, que bien empleada, tendrá grandes ventajas procedentes de estas tecnologías de las que debe poder disfrutar la sociedad, es necesario que el usuario de las mismas esté dispuesto a asumir su parte de responsabilidad en el uso de las mismas, tanto a nivel ético como jurídico. En relación especialmente con aquellos dispositivos que tengan un mayor nivel de autonomía y de toma de decisiones, como por ejemplo sería el caso de los robots más avanzados, es importante que el usuario final esté dispuesto a aceptar un equilibrio razonable respecto al conjunto de obligaciones y responsabilidades que deben ser asumidas por cada una de las partes.

Esta balanza es especialmente importante en el supuesto en que se produjera un siniestro en el que estuviera involucrado un robot ya que no es fácil distinguir la frontera entre la responsabilidad profesional, en la que el usuario del robot sería el responsable, y la responsabilidad de producto que sería imputable al fabricante o desarrollador de estos dispositivos. A su vez, esta dificultad de delimitación de la responsabilidad se complicaría en supuestos donde el dispositivo permita el autoaprendizaje y por ende, pueda aprender a hacer cosas y a actuar de formas que no fueran previstas ni por el fabricante ni por el usuario final del mismo. No obstante, parece lógico pensar que a mayor aprendizaje permita el dispositivo, mayor responsabilidad tendrá de sus acciones su “profesor”.

O dicho de otro modo, el cliente no debe plantear contractualmente indemnidades frente al fabricante por cualquier siniestro que se pueda derivar de la actuación de los robots sino sólo por aquellos derivados de la responsabilidad del producto y siempre en el caso de que los mismos hayan sido manipulados siguiendo las instrucciones del fabricante sin que intermedie dolo o mala fe. En la misma línea, tampoco sería equitativo otorgar un escenario de indemnidad para los fabricantes que deberán asumir las responsabilidades vinculadas con sus productos, siempre y cuando los usuarios hayan seguido sus instrucciones, y que en todo momento deben someterse a unos principios éticos.

Por tanto, los retos jurídicos vinculados con estos escenarios, no se limitan a cuestiones como la protección de datos de carácter personal en las que también habrá que buscar un equilibrio entre los intereses a proteger desde un enfoque de privacy by design and by default, ni a la protección de la propiedad intelectual tanto de terceros como de los nuevos derechos que puedan generar estos dispositivos, sino que las cuestiones relativas a la responsabilidad derivada de los daños y perjuicios que puedan ocasionar estos dispositivos cada vez más autónomos serán claves, y puede que lleguen a requerir como solución la creación de un nuevo régimen legal para estas “personas electrónicas” con unos derechos y obligaciones definidos en el que se gradúen la responsabilidad de las partes en función de las capacidades de aprender del robot. Afortunadamente el mercado asegurador cada vez irá ofertando más productos que permitan trasladar y dar cobertura a estos riesgos lo que dará más confort y tranquilidad a las partes a la hora de asumir responsabilidades contractualmente.

Los beneficios de las tecnologías disruptivas y en especial de la inteligencia artificial para las empresas son incuestionables, y dotarán a las mismas de nuevas herramientas que permitirán a los empleados de las mismas trabajar de otra manera, asumiendo otro tipo de tareas y teniendo por compañeros a dispositivos que ejecuten de forma rápida y eficiente diversas acciones. Sin embargo, estos dispositivos también presentan peligros potenciales que tenemos que aprender a aceptar como contrapartida a las ventajas que plantean, y por ello, para permitir que fabricantes y desarrolladores sigan avanzando en los mismos, es importante no trasladarles todas las responsabilidades derivadas de su uso sino sólo aquellas que les correspondan en su parte de la balanza. En otras palabras, si conocemos el producto, aprenderemos a comprarlo.

Foto del usuario de Flickr Antonis Lamnatos

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