Notas sobre la privacidad de drones y robots domésticos.

Notas sobre la privacidad de drones y robots domésticos.
¿Qué es un robot? Estoy de acuerdo con la opinión de Gigaom de que es difícil de dar una respuesta precisa porque evoluciona constantemente. Margot Kaminski (@MargotKaminski) propone una definición interesante: es un software con cuerpo. Margot es una abogada y profesora de Yale, especializada en nuevas tecnologías que hace unos meses dió una charla en el Berkman Center for Internet and Society de Harvard sobre robots y privacidad.

 

El estudio que da origen a la charla de Kaminski tiene por objeto la regulación de los drones, que es uno de los temas legales más polémicos actualmente en EEUU. Desde hace meses, miles de pequeños aviones no tripulados equipados con cámaras de grabación de foto/vídeo están invadiendo el cielo de San Francisco y otras ciudades y espacios abiertos. El regulador aeronáutico nacional (FAA) está siendo objeto de numerosas críticas por su retraso a la hora de aprobar una regulación adhoc, que no se espera hasta septiembre de 2015. Muchos Estados han considerado que se trata de un tema urgente y han aprobado sus propias normas sin esperar a conocer las directrices de dicha agencia. Lo curioso es que la FAA no tiene competencia ni experiencia en la regulación de cuestiones relativas a privacidad, que es es uno de los aspectos más controvertidos de los drones.

 

En cualquier caso, la problématica que genera el vuelo de drones en espacio abiertos estaría dentro de lo que Kaminski denomina “privacidad en público” y es de natureleza distinta a la que empezará a surgir cuando los hogares se llenen de robots domésticos tipo Paro o Asimo, cuya finalidad es cuidar de niños y ancianos o simplemente entretener y/o ayudar en las labores familiares. Otro ejemplo de robot similar sería Jibo, que puede realizar videollamadas, mostrar imágenes en su pantalla, reconocer caras y objetos, leer cuentos y hacer fotos cuando lo pidas. También actúa como asistente personal para recordarte tareas pendientes y aprende de tus gustos gracias a su algoritimo de inteligencia artificial.

 

Foto del usuario de Flickr Denise Cross Photography
Esa es la cara amable pero no podemos perder de vista la indudable pérdida de intimidad que supone tener una máquina sincronizada con tu móvil, conectada a internet y grabando (al menos potencialmente) todo lo que pasa en tu casa. Presumo que la información no se almacenará en el dispositivo sino en la nube. Al momento me surgen un buen número de preguntas:

 

  • ¿qué datos van a tener y qué uso hará la empresa de esos datos?
  • ¿se podrá acceder a ellos y borrarlos efectivamente?
  • ¿cómo se va a configurar el aparato teniendo en cuenta que se trata de un dispositivo de uso familiar, que puede ser utilizado por menores de edad o ancianos? ¿cómo podemos estar seguros de que no se explota su espacial vulnerabilidad?
  • ¿tendrá un sistema operativo abierto que admita aplicaciones de terceros?
  • ¿qué medidas de seguridad se van a implementar para impedir que sea hackeado?
  • ¿habrá que informar a los amigos que entren en tu casa de que pueden ser grabados o fotografiados?
  •  ¿podrán ser utilizados como prueba válida en un juicio?


La privacy by design y el sentido común parecen más necesarios que nunca en este tipo de productos/servicios.

 

 Foto principal del usuario de Flickr epSos.de
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