No son amenazas, son oportunidades.

No son amenazas, son oportunidades.

“No dejes que la realidad te estropee una buena noticia” dicen algunos periodistas con pocos escrúpulos.

La frase me ha venido a la cabeza porque llevaba varias semanas dando vueltas a un artículo sobre el potencial de la inteligencia artificial y de Blockchain para provocar un alto grado de desintermediación en la actividad de abogados, notarios y otros agentes que operan en el mundo legal. Por tener, tenía hasta el título para el artículo (“El fantasma de la desintermediación”) pero algunos acontecimientos recientes me han aconsejado cambiar el enfoque.

El pasado 21 de abril asistí en FIDE a una verdadera clase magistral sobre inteligencia artificial impartida por Ramón López de Mántaras, Director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y una de las mayores autoridades mundiales en la materia. Cuña publicitaria: las sesiones de “Diálogos con la ciencia” de FIDE son normalmente muy interesantes pero ésta fue sencillamente espectacular.

La charla dejó muchos titulares, entre ellos que la lección más importante que hemos aprendido a lo largo de los 60 años de historia de la inteligencia artificial (IA) es que lo que parecía más difícil de lograr (como por ejemplo diagnosticar enfermedades o jugar al ajedrez o a Go a un nivel comparable o superior a los mejores jugadores humanos), ha resultado relativamente fácil y, sin embargo, aquello que parecía más sencillo (reconocer objetos visualmente o comprender el lenguaje) todavía no se ha logrado.

Otra reflexión interesante fue que, por muy inteligentes que puedan llegar a ser las máquinas, su “inteligencia” será necesariamente distinta a la humana y sus valores o principios no estarán alineados con los nuestros por lo que, en su opinión –que comparto, no deberíamos permitir sistemas de armamento autónomos o killer robots. El problema en este caso no es la inteligencia sino la autonomía.

Abordó también López de Mántaras la diferencia entre “IA débil” (la que se especializa en una única tarea) e “IA fuerte” (la de carácter general que aspira a equipararse a la humana) y explicó el desafío para que ésta última sea una realidad: la dificultad de dotarla de sentido común y de una visión más holística de su entorno, para que sea capaz de integrar todas las interacciones de una manera coherente. Dijo también una frase que me ha dado bastante que pensar desde que la escuché: “our body shapes the way we think” (la forma de nuestro cuerpo determina la manera en que pensamos).

En su opinión, la singularidad no está cerca y falta mucho tiempo para que las máquinas sean capaces de sentir o de tener conciencia de si mismas, si es que en algún momento se consigue; todo ello sin perjuicio del enorme desarrollo experimentado por la inteligencia artificial (débil) en muchas áreas y sectores.

Mi amiga Ruth Benito estaba sentada al lado en la sesión y me recordó -con razón- que las opiniones de López de Mántaras eran las que ella defendió en nuestro #debateabierto de hace unos meses, que empezó precisamente cuando Ruth cuestionó en un tuit que la inteligencia emocional artificial fuera posible y planteó si en ese caso estaríamos creando humanos, qué nos diferenciaría de ellos y si esas máquinas deberían tener derechos. Ha quedado demostrado que la inteligencia de Ruth es muy superior a la de este Replicante…

Respecto a Blockchain (que podríamos traducir por cadena de bloques), prácticamente todos los días vemos noticias de que va a cambiar el mundo, incluido el sector legal y que puede afectar profundamente a la actuación de abogados, notarios y registradores. De nuevo, una comida con Alejandro Puerto, registrador de la propiedad intelectual de la Comunidad de Madrid y -sobre todo- la lectura detenida de dos estupendos artículos de los notarios Javier González Granado y José Carmelo Llopis, me ha hecho pensar que su potencial disruptivo no es tan grande a corto plazo y que la revolución no va a llegar tan rápido como se está vaticinando, lo cual no quiere decir que no debamos empezar a estudiar a fondo esta nueva tecnología y en especial los denominados “smart contracts”.

Argumentan los notarios que la cadena de bloques garantiza que el archivo informático registrado existía en determinada fecha y que  no se ha modificado, pero no ofrece seguridad acerca de su contenido, de suerte que si dicho archivo se pierde o se modifica su contenido o su formato, el cotejo será imposible. Blockchain no garantiza la legalidad del contenido de un documento ni tampoco la identidad o la capacidad de los intervinientes en la transacción.

Además, como menciona Javier González, Blockchain es un medio descentralizado de sellado de tiempo de archivos digitales pero no añade ningún valor adicional al documento verificado. Por el contrario, en nuestro ordenamiento jurídico la escritura notarial goza de las presunciones de veracidad, integridad y legalidad y acredita la existencia del acto y su contenido. Su importancia excede por tanto del puro valor probatorio.

En resumen, tanto la inteligencia artificial como la cadena de bloques se pueden ver como una amenaza para los profesionales del derecho y, de hecho, muchos titulares lo presentan así. Creo que es mejor verlo como una oportunidad. Os dejo un ejemplo de cómo las empresas de Silicon Valley están reclutando a los expertos en IA de las mejores universidades. Estoy convencido de que los abogados que empiecen ya a entender y cacharrear con estas y otras tecnologías disruptivas, tendrán un futuro laboral prometedor.

Foto del usuario de Flickr bachmont

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