NEGOCIOS VIRTUALES Y JURISTAS PERPLEJOS (Meditaciones a raíz del caso Uber)

NEGOCIOS VIRTUALES Y JURISTAS PERPLEJOS  (Meditaciones a raíz del caso Uber)

Por Juan Pablo Nieto Mengotti. Abogado. Fiscal

¡Se está actuando sin nosotros! O al menos lo parece. Y lo sorprendente es que lo hacen bien. El comercio, como alta actividad del espíritu humano, se abre camino más allá de las reglas. Los Estados latinos siempre han querido someterle como una manifestación singular de la libertad del individuo. En nuestro siglo de Oro España y Portugal se repartieron los territorios y los océanos, formalizaron un Tratado, llamado de Tordesillas, y un jurista inglés, Hugo Grocio, respondió con una obra provocadora, “De mare libero”, vino a decir: el mar es de todos, no se lo repartan, lo utilizaremos igual los demás pueblos…y se inauguró un gran conflicto que duró casi tres siglos, lanzando a los mejores comerciantes de la isla británica y Holanda a abrir las rutas que aún hoy persisten.

Los nuevos negocios de internet desconciertan igualmente a nuestro mundo, “Snapchat”, que no deja pruebas (¿De qué?), Uber, que facilita los desplazamientos de la gente de forma inmediata y segura al margen de los gremios establecidos (¿cómo se atreven?), y otros muchos, nos obligan a plantearnos cuestiones principales.

La primera es ¿Para qué está el mercado?: Está para servir a la gente o para que la gente le sirva. Si nos gusta más la primera opción pienso que estamos en el camino correcto.

El progreso trae cambios -ahora también- pero el progreso, como todo avance, decía Delibes, buen cazador, que siempre conlleva un “culatazo” o pequeño retroceso instantáneo, superado enseguida por la mira prevalente del objetivo y la actividad.

Los juristas creemos en el progreso para defender la dignidad de la persona y de las comunidades, es decir para garantizar la libertad y la solidaridad. No existe por tanto un derecho al estancamiento ni a la comodidad, más allá del que cada uno obtenga en su ámbito particular.

Las leyes del capitalismo y los controles sociales

Se dice que Uber –y puede ser cierto- ataca puestos de trabajo preestablecidos. Esto obliga a reaccionar, claro, pero no para prohibir, sin más, sino para integrar, que es más difícil e interesante.

Recuerda el think tank alemán Hans-Werner Sinn que “no hay ninguna ley del capitalismo que diga que el sistema va a crear suficientes puestos de trabajo bien remunerados. El capitalismo es un sistema ciego en su ojo social: tiene sus propias reglas y mecanismos y debemos optar entre abolirlo o adaptarlo con un Estado de bienestar que lo suavice y lo armonice”.

Estaríamos locos si esto no nos preocupase, porque los sistemas de convivencia social se caen y cuesta el esfuerzo de varias generaciones volver al punto de partida.

Lo cierto es que aún los países inequívocamente capitalistas como EEUU tienen una fuerte regulación comercial que defiende los valores sociales en alza. Lo sabe Google, investigada por la temida “Federal Trade Comission”, por utilizar tácticas que el capitalismo considera juego sucio, porque se limita la libertad de competidores y usuarios, los legítimos dueños del mercado. Porque todos somos competidores y todos somos usuarios.

Nos preocupa el fraude

Los negocios virtuales emergentes, y las consiguientes operaciones económicas en la red, es uno de los nuevos retos ya detectado por el ciudadano y las empresas antes que por los Estados.

El fraude en la red –en general- tiene un doble desafío: la investigación del delito y la reputación de la víctima. En el primer aspecto es importante trazar la ruta del fraude, el filtro difícil de las fronteras donde se mueve mal el derecho, acreditar y compensar los perjuicios; todo ello en tiempo razonable.

La victima no sólo es el consumidor sino también el proveedor financiero o, incluso, el del producto. Un reciente estudio encargado para el “online crime working group” de la policía de Londres acredita que el 85% de los fraudes cometidos en la red, en el período 2013-14, no se han denunciado a pesar de ser la primera preocupación de los consumidores, y una de las causas principales es que los bancos y otras organizaciones similares se muestran, textualmente, “unwilling to report offences because they do not want to reveal how vulnerable they are to fraud”.

Pero se concluye que el ciudadano empieza a estar más preocupado por la criminalidad on-line que por la producida en las calles.

Y nos preocupa la cooperación

Nos hemos de poner de acuerdo, en algo, los socios de la UE, para evitar distorsiones que confunden. Un Juzgado español suspende cautelarmente, de momento, la actividad de Uber. Bien. Ahora habrá que analizar el fondo y a ver cómo lo hacemos. Como las administraciones publicas competentes permitan que los negocios se configuren desde un Juzgado esto e complicará más.

Ocurre que al mismo tiempo, a mediados de marzo pasado, otra vez en UK, un ministerio bautizado con el desafiante rótulo de “Department for Business, Innovation and Skills”, recomienda a todos los funcionarios civiles, con el fin de ahorrar costes, que se metan directamente en la “sharing economy”, es decir, que utilicen la tecnología y las ofertas de las start-ups y las smatphone apps, sea Uber, Airbnb o cualquiera otra, con el claro objetivo de ser más eficientes y dinámicos en el servicio público.

Uber anuncia que ha acudido a la Comisión europea, considerándose víctima de los monopolios y pidiendo un tratamiento análogo a la venta de vuelos por internet, mientras calienta motores en Barcelona con UberEats, repartiendo comida a domicilio…

Las nuevas ideas se entienden mejor si se hablan en foros públicos, con la convicción de que aprendemos de otros y se resuelve sobre la marcha.

Quiero que mi país no se quede atrás en esta nueva navegación.

 

Juan Pablo Nieto. Barcelona, 14/04/2015

 

Foto del usuario de Flickr aaronparecki

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Comentario ( 1 )
  1. marcos
    20 abril, 2015 at 12:01
    Responder

    COMO SIEMPRE UN PLACER LEER A UNO DE LOS MEJORES.

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