Los robots están llegando (II)

Los robots están llegando (II)

Ya hemos dicho en alguna ocasión que Ryan Calo es uno de los profesores universitarios que mejor entiende los problemas legales que plantea la robótica. En uno de sus últimos trabajos “The case for a Federal Robotics Commission” propone que se cree una nueva institución en EEUU para gestionar de forma integrada todas las cuestiones que tienen que ver con los robots.

Argumenta Calo que la robótica nos presenta nuevos desafíos y que las instituciones que ahora mismo se ocupan de estos temas no tienen prácticamente experiencia para solucionarlos satisfactoriamente. Pone como ejemplos la ley sobre coches autónomos de Nevada, que definió de una manera muy amplia estos vehículos y hubo de ser rápidamente modificada; los problemas que tiene el organismo aeronáutico (FAA), una entidad focalizada tradicionalmente en temas de seguridad y que ahora tiene que regular cuestiones de privacidad de los drones; o las dificultades de las SEC (el regulador de los mercados) para atajar los riesgos de los algoritmos financieros de los market bots que provocaron el Flash Crash en mayo de 2010 y que gestionan cada vez más inversiones.

El nuevo organismo que propone Calo no sería un regulador propiamente dicho sino más bien una entidad consultiva que aconsejaría a instituciones, al legislador y a los órganos judiciales que lo requieren, en las materias que tengan que ver con robótica, inteligencia artificial, etc. Calo concluye su paper rebatiendo brillantemente las objeciones a su propuesta, entre ellas que no hacen falta más reguladores y que los robots no se distinguen de los ordenadores. No me cabe duda de que el tiempo le va a dar la razón y que en un breve plazo se creará la Federal Robotics Commission que él propone.

Otro de los trabajos interesantes que se incluye en el proyecto The robots are coming: the project on civilian robotics de Brookings es “Drones and aerial surveillance: considerations for legislators” del profesor Gregory McNeal, que empieza criticando el hecho de que los drones de las fuerzas y cuerpos de seguridad estén sometidos a mayores restricciones (en concreto, obtención de un mandamiento judicial previo) que otras formas de vigilancia, como por ejemplo los helicópteros tripulados de la Policía. En su opinión –que comparto- las leyes deberían poner el foco en el hecho (la vigilancia intensiva) y no en la tecnología que se utiliza para llevarla a cabo (drones).

McNeal ofrece además algunas recomendaciones al legislador con el objetivo de conseguir un mayor equilibrio entre privacidad de los ciudadanos y vigilancia e investigación de delitos. En primer lugar sugiere que se reconozca legalmente el derecho del dueño de un terreno de excluir el vuelo de aparatos por debajo de 350 pies (unos 100 metros) desde la superficie de su propiedad. De esa manera se solucionarían gran parte de los riesgos de los drones sin vulnerar la cuarta enmienda (inviolabilidad de personas y domicilios). Además propone que se limite el tiempo agregado que se puede vigilar a un individuo concreto y que se implementen medidas de transparencia, así como mecanismos de protección para el acceso a la información relativa a la vigilancia aérea.

McNeal concluye su trabajo con un llamamiento bastante sensato al legislador para que no obligue a que todos los vuelos de los drones de los cuerpos de seguridad tengan que ser autorizados previamente por un juez. Para apoyar su postura argumenta que si bajo la jurisprudencia de la cuarta enmienda un agente de policía no está obligado a bloquear la visión de un crimen que se está cometiendo delante suyo, aunque no tenga un mandamiento judicial, por qué debemos imponer esa obligación a los drones que van a hacer labores vigilancia. Suprimir o no utilizar esa “evidencia secundaria” obtenida por drones, sólo favorecería al criminal en opinión del profesor McNeal.

La iniciativa de Brookings sobre el advenimiento de los robots se completa con otros dos trabajos que me han parecido mucho menos interesantes: uno de Wells C. Bennet sobre si la regulación de los drones en EEUU se debe llevar a cabo a nivel estatal o federal y otro de Heather Knight que explora la interacción entre humanos y robots y destaca que, en nuestra respuesta frente a estas máquinas, influye mucho el trasfondo cultural.

Concluyo aplaudiendo este proyecto de Brookings. Creo que hacen falta más foros abiertos en los que los expertos puedan exponer sus puntos de vista y recomendaciones para que sean tenidos en cuenta por legisladores y reguladores. Me gusta además que no sólo publiquen la documentación escrita sino también videos relacionados y grabaciones de eventos en los que se debate sobre esas materias.

Foto del usuario de Flickr Crystl

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