Los riesgos del internet de las cosas (IoT)

Los riesgos del internet de las cosas (IoT)
 2014 está siendo el año del internet del las cosas (IoT) por su siglas en inglés. @GilPress explica en este interesante artículo las razones que explican dicho auge. Además, las expectativas económicas para este grupo de tecnologías son impresionantes. Según Gartner, los productos y servicios relacionados con IoT generarán unos ingresos incrementales que superarán los $300 billones (americanos) en 2020. Por su parte, IDC prevee que el mercado mundial de soluciones IoT crecerá desde los $1.9 trillones del año pasado hasta los $7.1 trillones (también americanos) en el año 2020.


Es indudable que cada vez dependemos más de ordenadores y máquinas para casi cualquier actividad cotidiana. Ello nos aporta multitud de ventajas y mejoras de productividad pero no podemos olvidar que genera otros problemas. Para empezar, las máquinas fallan de vez en cuando (sobre todo cuanto más complejas son y más interconectadas están) y también corren el riesgo de atacadas y hackeadas.


El año pasado, el índice Dow Jones cayó bruscamente por un tuit falso de Associated Press que decía que había habido dos explosiones y que el Presidente Obama estaba herido. También en 2013, Hugo Teso hizo temblar al sector aeronáutico cuando demostró que podía tomar el control de un avión comercial a través de su smartphone. Teso insiste que aquello fue sólo una prueba de concepto y que él comunica los fallos que descubre en los protocolos a la Agencia Europea de Seguridad Aérea antes de hacerlos públicos, aunque parece que ni la Agencia ni las propias empresas afectadas muestran mucho interés.


En la misma línea, dos investigadores acaban de hacer público un informe en el que demuestra cómo se pueden atacar remotamente más de 20 tipos de coches y tomar control de la dirección y/o los frenos. Para ello han estudiado sus funcionalidades inalámbricas (Bluetooth, conexiones móviles, etc); la arquitectura técnica del coche y en concreto las opciones que ofrece para acceder al sistema de frenos y de dirección del vehículo; así como las funciones de asistencia (frenado automático o aparcamiento asistido). El Infinity Q50 sale bastante mal parado del estudio mientras que la arquitectura técnica del Audi A8 es considerada la mejor. Que los coches estén conectados es estupendo, pero los fabricantes no deberían perder nunca de vista que lo más importante es la seguridad.


Los termostatos e impresoras caseras también parece que son fácilmente hackeables para, a partir de ahí, poder espiar nuestra intimidad. Del ordenador, el smartphone y los servidores en la nube, mejor ni hablamos porque todos los días tenemos noticias de vulneraciones o filtraciones. Creo que vamos a tener que prestar más atención al ensayista norteamericano Nicholas Carr y leer con atención su nuevo libro Atrapados: cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas.


En una reciente entrevista concedida a El País, Carr explicaba que hemos caído en una excesiva automatización. La tecnología guía nuestras búsquedas de información, nuestra participación en la conversación de las redes, nuestras compras, nuestra búsqueda de amigos. Nos descarga de labores pesadas pero, poco a poco, nos conduce a lo que él denomina complacencia automatizada: confiamos en que la máquina lo resolverá todo, nos encomendamos a ella como si fuera todopoderosa, y dejamos nuestra atención a la deriva.


En fin, probablemente la virtud esté en el medio, como ya apuntaba Aristóteles hace muchos siglos, pero conseguir el equilibrio correcto no parece que vaya a ser una tarea fácil.


Foto del usuario de Flickr Kalexanderson
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