Las impresoras 4D y los retos legales que plantean

Las impresoras 4D y los retos legales que plantean

El sector de las impresoras es uno de los que más ha evolucionado en los últimos años. La disminución de su precio y tamaño ha provocado la aparición del concepto “impresoras personales” y la incorporación de la posibilidad de escanear documentos y de la conectividad vía wifi, han contribuido a su popularización.

Por otro lado, la impresión en tres dimensiones (3D) se inventó hace más de tres décadas. En los últimos años la expansión de esta tecnología ha sido imparable y ahora mismo se usa para fabricar prácticamente cualquier cosa. El proceso empieza a partir de un archivo digital creado por uno mismo o tomado de uno de los muchos repositorios existentes en internet. Lo característico de esta técnica es que ese diseño digital va “tomando cuerpo” desde abajo hacia arriba, por capas que se van fusionando según salen de la impresora. En cuanto a los materiales, el más típico es el plástico, en sus múltiples variedades, pero también se puede usar metal, papel, chocolate u otros alimentos, en el caso de los dispositivos para comida (sí, también hay impresoras 3D para alimentos…)

Se trata de aparatos que permiten hacer casi cualquier cosa y todos los estudios apuntan a que tendrá un crecimiento exponencial a medio y largo plazo. Como en el caso de los dispositivos domésticos, las impresoras 3D han ido bajando el precio y mejorando la calidad y usabilidad gradualmente. Añadido a lo anterior, existen muchas páginas de internet que ponen a disposición de los usuarios un repositorio de archivos digitales listos para imprimir o para modificar (uno de los más conocidos es Thingiverse, que los ofrece bajo licencia Creative Commons).

Y justo cuando estábamos empezando a entender esta nueva tecnología aparece la impresión 4D. La cuarta D hace referencia a la posibilidad de transformación. En este caso, el cambio no está en el aparato (se siguen usando impresoras 3D) sino en los materiales. Se trata de productos especiales que se adaptan al entorno con el que interactúan y pueden autoensamblarse e incluso autorrepararse en algunos casos. Son materiales programables para cambiar de forma y comportamiento cuando entran en contacto con otro elemento como podría ser el agua y sin que sea necesaria la intervención de microprocesadores, circuitos, cables o motores.

Su funcionamiento se inspira en el de las proteínas y las posibilidades son ilimitadas: desde “robots blandos” que pueden modificar su tamaño o copiar organismos vivos hasta puentes con fines militares. El investigador del MIT Skylar Tibbits es uno de los mayores expertos en esta cuestión. En esta interesante charla de TED explica la evolución de la impresión 4D y los desarrollos que están haciendo ahora mismo en el Self-Assembly Lab del MIT.

¿Ciencia ficción? Es posible pero hace unas semanas conocimos un uso de esta técnica que ha salvado la vida de tres niños gracias a un implante en los bronquios que crece con ellos y que se desintegra una vez que ha cumplido su función.

Aún es pronto para evaluar los desafíos legales que planteará la impresión 4D aunque podemos aventurar que serán parecidos a los que ya están apareciendo en relación con la impresión 3D, puesto que usan los mismos dispositivos para crear los objetos y lo que cambian son los materiales. Presumo que el campo en el que más conflictos jurídicos van a surgir es el de la propiedad industrial.

Ahora mismo es posible registrar como marca formas en tres dimensiones, como el chocolate Toblerone o dibujos que reflejan movimiento, como la apertura de puertas de algunos modelos de deportivos Lamborghini. ¿Tendremos que crear una nueva categoría para los objetos creados con impresión 4D? Entiendo que lo más difícil en estos casos será representarlos gráficamente. Por otro lado, creo que es muy posible que la litigiosidad actual relacionada con las patentes de tecnologías de impresión 3D se extienda al mundo 4D e incluso aumente por la más que probable aparición de solicitudes de patente sobre estos nuevos materiales capaces de transformarse y autoensamblarse.

Con toda probabilidad aparecerán también cuestiones relacionadas con la responsabilidad por los productos fabricados con esta técnica y con la seguridad de los materiales empleados, sobre en casos de salud pública como el del implante mencionado anteriormente.

Pero para que los temas derivados de la impresión 4D lleguen a los tribunales o se recojan en normas vinculantes quedan todavía unos años. Antes tendremos que resolver las (muchas) cuestiones jurídicas que plantean las impresoras 3D.

Foto del usuario de Flickr fdecomite

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