La privacidad como nueva forma de proteccionismo comercial

La privacidad como nueva forma de proteccionismo comercial

Un domingo a finales de abril de 2014, un incendio en el cuarto piso de un edificio de oficinas en Gwacheon (Corea del Sur) provocó que las televisiones inteligentes de Samsung en todo Estados Unidos y Europa parpadearan y se apagaran. Un pequeño fuego en un lugar puede provocar cortes de suministro en sitios muy lejanos porque, aunque el aparato esté en Kansas, su “cerebro y memoria” residen en Corea. Es una nueva manifestación del conocido como efecto mariposa.

Así termina el trabajo del profesor de derecho Anupam Chander sobre robots, internet de las cosas y el futuro del comercio internacional. El enfoque del estudio es interesante y novedoso. ¿Cómo afecta a estas tecnologías las restricciones al flujo de información que crecientemente se están incorporando a las normativas sobre privacidad y seguridad de algunos países? Chander señala que estas limitaciones podrían estar encubriendo una nueva forma de proteccionismo comercial.

El funcionamiento de internet de las cosas y de los robots depende en gran medida del flujo de información entre los sensores que captan los datos y los servidores que los procesan. En muchas ocasiones los dispositivos y los servidores están en países o continentes diferentes. Además se plantea otra dificultad: ¿estos objetos inteligentes, como los denomina Chander, son bienes o servicios? La distinción es relevante en la práctica porque el comercio internacional de productos está más liberalizado que el de servicios.

Pongamos como ejemplo la pulsera Fitbit. Está claro que es un bien físico pero no hay duda de que sin los servicios de monitorización e información que lleva asociados, la pulsera no tendría mucha utilidad. Australia aprobó en 2012 una norma que prohíbe que se transmitan fuera de sus fronteras datos personales relacionados con la salud. ¿Vulnera esa legislación los tratados de libre comercio GATT y AGCS de la Organización Mundial del Comercio? El caso no se ha planteado todavía pero el artículo del profesor Chander desarrolla los argumentos que podría plantear Estados Unidos ante el órgano de resolución de conflictos de la OMC para convencerle de que la norma australiana infringe tanto el GATT (si se interpreta que la pulsera Fitbit es un producto) como el AGCS (si se considerara servicio)

Este tema de si los robots van a necesitar pasaporte en un futuro fue sólo uno de los muchos que se abordaron en un congreso que se celebró hace un par de meses en la facultad de derecho de la universidad de Washington, en el que también se trataron otras cuestiones como las consecuencias de dar forma humana a los robots, la posibilidad de aprender de la historia de la normativa del sector automovilístico para regular mejor los drones, los aspectos éticos de la “telepresencia robótica” o el impacto de los robots en el mercado laboral.

Se trata de una nueva edición de WeRobot, que este año fue inaugurada nada menos que por el creador de R2D2 y genio de los efectos especiales Tony Dyson. WeRobot se celebró por primera vez en la universidad de Miami en 2012 y se ha convertido en el evento de referencia para conocer de primera mano los aspectos legales más relevantes que plantean los robots y tecnologías relacionadas. Uno de los organizadores es Ryan Calo, autor de numerosos artículos doctrinales sobre legalidad y robots y uno de los mayores expertos mundiales en estas cuestiones.

WeRobot tiene además una ventaja para los que no podemos desplazarnos a Estados Unidos y es que ofrecen no sólo el texto completo de cada ponencia sino también videos de las charlas o mesas redondas en las que se debaten los temas. La única pega es que todo el material está en inglés y centrado en la normativa y jurisprudencia americanas. Espero que alguna universidad española se anime a montar un congreso parecido aquí. No hay duda de que la robótica está de moda.

Foto del usuario de Flickr **RCB**

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