HACIA LA SOCIEDAD VIRTUAL Y AUTÓNOMA

HACIA LA SOCIEDAD VIRTUAL Y AUTÓNOMA

Estamos viviendo tiempos fascinantes. Los avances científicos y tecnológicos nos colocan en el umbral de una revolución sin precedentes para la humanidad. Los expertos afirman que en este siglo conseguiremos hitos como poner fin a la muerte, modificar el genoma humano, comprender en su totalidad el funcionamiento del cerebro humano o vivir en Marte.

También estamos observando una tendencia muy clara hacia la virtualización y automatización de prácticamente todo. Un reciente artículo de Xavier Ferrás, mencionando otro anterior de Brian Arthur, describe acertadamente la situación. En su opinión la tecnología ha creado una “segunda economía”, una economía digital, virtual, y cada vez más autónoma, en la que existe la posibilidad de que el proceso tecnológico lleve a la creación de agentes virtuales, empresas totalmente digitales, capaces de generar valor económico sin necesidad de presencia humana. Se refieren a compañías que podrán analizar el contexto competitivo, tomar decisiones mediante algoritmos de inteligencia artificial, ordenar compras, disponer de cadenas de suministro y líneas de proceso automatizadas y vender por canales digitales o mediante avatares en punto de venta, todo ello sin ninguna presencia humana.

Coincido plenamente con el análisis de Ferrás y Arthur. Es una realidad que está ocurriendo ahora mismo delante de nuestros ojos, aunque nos cueste identificarla. Os pongo dos ejemplos muy recientes de servicios en los que se prácticamente se elimina la intervención personal y que plantean grandes interrogantes relativos a responsabilidad, seguridad y privacidad:

El BBVA acaba de anunciar que está trabajando en cuentas bancarias autónomas (‘self-driving banking accounts’), las cuales serán capaces de hacer transacciones de forma automatizada en base a las preferencias y necesidades de los usuarios. Como afirma su CEO “hasta ahora nos limitamos a avisar de posibles incidencias o dar consejos de inversión o de productos personalizados, lo siguiente es que la máquina pueda tomar los mandos directamente”.

Amazon quiere empezar a ofrecer en 37 ciudades de EEUU el servicio Amazon Key, que permitirá, inicialmente a los repartidores de esta compañía y después a otros proveedores de servicios para el hogar, acceder a la vivienda para depositar las compras realizadas. El cliente podrá seguir el proceso de entrega en directo desde el móvil u optar por recibir un vídeo, grabado de forma automática, al finalizar el reparto.

En paralelo, tecnologías como blockchain o ethereum permiten acciones sorprendentes hasta hace pocos años como: comprar, vender, pagar o invertir en criptomonedas 100% virtuales que no puede ser controladas por ningún gobierno ni autoridad mundial y cuya fiabilidad se basa en la robustez de las operaciones matemáticas que procesa; “programar” contratos que se autoejecutarán sin intervención de las partes ni de un tercero si se producen determinadas circunstancias (los llamados “smart contracts”, que ya se pueden crear y descargar desde plataformas como BlockCAT o Agrello); “tokenizar” o virtualizar determinados activos; o levantar, a través de una Oferta Inicial de Monedas (ICO según sus siglas en inglés[1]), 25 millones de euros “en 15 minutos” para un proyecto (Aragon) cuyo objetivo es crear una plataforma de gestión descentralizada que permita eliminar a los intermediarios en el proceso de creación y mantenimiento de Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO por sus siglas en inglés), una suerte de empresas y organizaciones virtuales, que no estarían localizadas en ningún país en concreto, sino en Internet y que contarían con su propio sistema de gobernanza y de resolución de disputas.

Todas estas cuestiones relacionadas con blockchain y ethereum plantean unos interrogantes jurídicos formidables, empezando por la legislación aplicable en cada uno de los casos. Los abordaremos en otro artículo. En cualquier caso, mi recomendación es que ningún abogado permanezca ajeno a esta realidad porque nos va a afectar profundamente mucho antes de lo que podemos pensar.

Otro hecho que estamos comenzando a percibir es la proliferación de sistemas de atención al cliente a través de mensajería, que en parte puede estar gestionados por personas pero que crecientemente serán operados por chatbots (programas informáticos con los que es posible interactuar para pedir información o que ejecute alguna acción). La tendencia comenzó hace años con las llamadas a los call centers de las grandes empresas de servicios. Antes atendían personas, ahora máquinas en un alto porcentaje. Por supuesto, esos sistemas informáticos recopilarán información y cada vez nos conocerán mejor y es muy probable que a corto plazo tomen decisiones completamente automatizadas sobre nuestros gustos y preferencias. Veremos si lo previsto en el nuevo Reglamento general de protección de datos, legalmente vinculante a partir de mayo de 2018, es suficiente para proteger adecuadamente a los consumidores.

No quiero terminar sin mencionar el proyecto de residencia digital puesto en marcha por Estonia hace varios años, al que se han apuntado más de 25.000 individuos y empresas de todo el mundo. El programa e-Residency ofrece una identidad digital emitida por el gobierno, que hace posible el acceso a todo tipo de servicios mediante la utilización de una tarjeta que permite la firma digital y autenticación de documentos. No habilita para residir físicamente en el país pero sí para realizar trámites online como hacer trasferencias bancarias, crear una empresa, relacionarte con cualquier administración del país o pagar impuestos. Es una iniciativa que demuestra que, cuando las altas instancias de un país se implican de verdad, se puede conseguir el doble objetivo de ser una nación completamente digital y un referente a nivel mundial.

La tendencia hacia la virtualización, la externalización de la inteligencia y la automatización de los procesos es imparable y plantea grandes retos individuales y colectivos. En primer lugar cada uno de nosotros deberá reflexionar sobre el papel que va a jugar en el futuro próximo y cómo cree que puede aportar valor en un mundo tan cambiante. El mayor desafío colectivo es asegurar que la transición a la sociedad digital y autónoma se ejecute adecuadamente porque se trata de un paso difícilmente reversible.

Foto del usuario de Flickr photosteve101

[1] Las ICOs son una forma de financiación vía crowfunding que ha crecido exponencialmente en 2017 y sobre la que no había prácticamente ningún posicionamiento regulatorio hasta antes  de verano. En este enlace se puede consultar la situación legal a octubre de 2017.

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