El tamaño importa. Aspectos legales de la nanotecnología.

El tamaño importa. Aspectos legales de la nanotecnología.

El cambio de color de la copa de Liturgo nos ha fascinado durante generaciones. ¿Cómo puede ser que una copa que tiene 1600 años se vea de color verde con luz reflejada y de color rojo rubí con luz transmitida? Este efecto óptico se debe a la presencia en el cristal de minúsculas partículas de una aleación de oro y plata. No está claro si los romanos fueron capaces de pulverizar partículas de 50 nanómetros de esos metales preciosos para fundirlas con el vidrio, inaugurando así lo que actualmente se conoce como nanotecnología, o si fue una simple casualidad.

Lo que sí conocemos hoy es que la materia, cuando es menor de determinado tamaño, cambia sus propiedades (magnéticas, eléctricas, ópticas, etc.) y permite su manipulación para crear nuevos materiales. Por ejemplo el oro, al interactuar con la luz y en función del tamaño de las partículas, pasa de ser un elemento inerte, inflexible y amarillo a ser líquido y rojizo.

El físico Richard Feynman, que recibió el premio Nobel en 1965 por sus contribuciones al desarrollo de la electrodinámica cuántica, fue el primero en hacer referencia a las enormes posibilidades de la nanotecnología, en el célebre discurso que pronunció en Caltech en diciembre de 1959 titulado There’s plenty of room at the bottom. An invitation to enter a new field of physics. Las ideas de Feynman no se pudieron empezar a poner en práctica hasta que se inventó en 1981 el microscopio de efecto túnel, que permitía observar materiales a escala atómica sin llegar a tocarlos, mediante el movimiento de una aguja que deja escapar electrones y reproduce así su topografía; abriendo con ello también la posibilidad de ver y manipular átomos y moléculas.

La nanotecnología es una disciplina multidisciplinar y comprende áreas como biología, química, física, ciencia de materiales o ingeniería y tiene una importancia creciente en campos como la electroinformática (nanotubos y nanocinturones para la fabricación de chips), la cosmética (nanopartículas para la producción de bloqueadores solares u otros productos), la agricultura (nanosensores para la detección de patógenos o contaminantes), la medicina (desarrollo de nuevas técnicas de diagnóstico o tratamientos terapéuticos más efectivos dirigidos específicamente a tejidos y órganos dañados) o el sector textil (ropa que repele las manchas y la suciedad).

Se prevé que las industrias relacionadas con la nanotecnología alcancen una facturación global de más de 75 billones (americanos) de dólares en cinco años y algunos materiales como el grafeno están generando grandes expectativas por sus “milagrosas” cualidades (alta conductividad eléctrica y térmica, transparencia, ligereza, flexibilidad y resistencia).

Entrando en los temas jurídicos, debemos empezar planteándonos si son patentables los desarrollos relacionados con la nanotecnología. Como se explica en este artículo publicado en la web de la OMPI, la situación es compleja. La regla general es que el tamaño por sí solo no es una condición suficiente para establecer la novedad de un invento, aunque existen excepciones cuando las invenciones a nanoescala presentan propiedades que, en cierta medida, son diferentes de las que se encuentran a escala mayor en el estado de la técnica.

Además de demostrar la novedad, una solicitud de patente de nanotecnología debe superar la prueba de la no evidencia. Una invención se considerará evidente si miniaturiza elementos conocidos, cumple la misma función y no aporta más de lo que cabría esperar por la reducción de tamaño. Por el contrario, se considera que una tecnología no es evidente cuando produce resultados nuevos e inesperados o cumple funciones anteriormente no reconocidas que resuelven un problema técnico relacionado con el estado de la técnica.

Otra opción sería intentar utilizar la normativa de copyright para proteger estos avances. Según nuestra ley pueden ser “objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro”. Para cumplir con dichos requisitos tendríamos que fijar un trabajo con un cierto grado de originalidad en un (nano)soporte y que éste fuera considerado una obra literaria -¿un programa de ordenador?- o artística -¿una escultura o trabajo arquitectónico?.

En cuanto a los posibles riesgos de salud asociados a la nanotecnología, los principales peligros consisten, por un lado, en que los efectos adversos de estos desarrollos no se ven inmediatamente sino pasados unos años y, por otro, que la mayoría de pruebas de toxicidad se realiza en animales y no en humanos. Desde una perspectiva legal, en España los riesgos están regulados en el Código Civil y más recientemente en el Real Decreto Legislativo 1/2007 de protección de los consumidores, que exonera de responsabilidad civil al fabricante que ignora las consecuencias negativas de su producto cuando lo saca al mercado, siempre que pueda acreditar que, conforme al avance de la ciencia, en aquel momento no era posible conocer los riesgos asociados.

Existen también cuestiones éticas asociadas como los usos militares de la nanotecnología o los problemas morales que se pueden presentar cuando la utilización de nanoimplantes en el cerebro afecte a la identidad de las personas o sirva para aumentar sus capacidades cognitivas por encima de lo que serían niveles normales o más allá de lo que requiere su uso médico para sanar deficiencias, como defiende el transhumanismo y otras corrientes.

¿Debemos entonces aprobar una legislación específica para la nanotecnología? Creo que actualmente no es necesaria una normativa ad-hoc para regular esta materia y coincido con las tesis de libro de Adam Thierer Permissionless Innovation: The Continuing Case for Comprehensive Technological Freedom. Es muy difícil que esta norma se pudiera adaptar adecuadamente a una realidad tan novedosa. Parece más sensato recurrir a regulación específica en los casos en que sea necesaria y siempre después de evaluar otras alternativas así como el impacto que dicha legislación tendría.

 

Este artículo se publicó originalmente en Hoja de Router el 21 de agosto.

Foto del usuario de Flickr Will Folsom

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