ASPECTOS JURÍDICOS DE LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL

ASPECTOS JURÍDICOS DE LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL

La casualidad me ha hecho tropezar con un artículo de mi amigo Eduardo Lazcano justo cuando me disponía a empezar éste. Y digo que ha sido la casualidad porque el texto al que me refiero tiene por título “La maldita transformación digital”. Es curioso: cuando todos estamos cantando las alabanzas de las ventajas que nos brindan las nuevas tecnologías, aparece alguien que la maldice.

Debo aclarar que el tema tiene truco porque Eduardo no está en contra sino a favor de la necesidad de transformación. Lo que critica la forma en la que se está llevando a cabo. Me parece especialmente acertado su argumento de que no es tanto un cambio tecnológico sino social. La transformación sucede dentro de las personas -no fuera- y para avanzar hay pasar de la teoría a la práctica. Hace falta un cambio de actitud. Como reza el proverbio oriental “cuando el alumno está preparado, aparece el maestro”.

El artículo es impecable y lo único que añadiría es que lo más práctico es empezar por pequeñas aspectos. Me refiero a cosas fáciles como darte de alta en un nuevo servicio, subir un vídeo a Youtube o descargarte y utilizar la última aplicación que te recomienda un amigo. Se trata de empezar por algo simple pero hacerlo de una forma constante. Obviamente podemos aplicar estos mismos principios a otros aspectos de nuestra vida personal y profesional y los resultados será mucho más potentes: ir a trabajar por un camino diferente, probar una comida exótica o quedar a comer con compañeros con los que no tratamos normalmente. Si pensáis que no funciona, probadlo y os sorprenderéis de los resultados.

Después de esta introducción, vamos al tema que nos ocupa: los retos jurídicos de la transformación digital. Hace unas semanas tuve el placer de debatir con Paloma Llaneza y Susana González sobre una cuestión similar. Comentábamos que las normas van a ir siempre por detrás de la realidad. Es lógico. No tiene sentido legislar sobre algo que no existe. La cuestión más bien es cuál es la mejor forma de regular las tecnologías disruptivas. No podemos olvidar que las normas de un país (y las decisiones judiciales que las aplican) tienen un efecto directo sobre la innovación. En un mundo globalizado como el actual, es difícil pensar que un emprendedor con una idea brillante vaya a constituir su startup en un territorio con abundantes restricciones a nuevos servicios o escasa protección de la propiedad intelectual e industrial.

Los reguladores habitualmente se fijan más en los peligros que en los beneficios de las nuevas tecnologías. Lo vemos por ejemplo en el caso de los drones. Como apunta Enrique Dans, todo retraso impuesto al desarrollo del tejido emprendedor, supone un retraso global para el país como tal. Las leyes no deberían poner trabas o frenos injustificados, ni mucho menos crear limbos jurídicos, como pasa actualmente con esas aeronaves no tripuladas.

Tendemos a asumir que regular una materia mejorará esa situación y que la Administración o el Parlamento están en la mejor posición para solucionar los problemas (a veces eventuales o presuntos) que se pueden plantear pero, como el profesor Adam Thierer señala es su libro Permissionless Innovation, regular no es un ejercicio inocuo sino que prácticamente siempre tiene costes de oportunidad y riesgos que hay que tener en cuenta y valorar. Añade Thierer que es muy difícil que las normas se adapten a la realidad y más complicado aún que lo hagan a unos desarrollos tecnológicos que avanzan exponencialmente y con los que, en muchas ocasiones anteriores, la sociedad ha sabido convivir sin necesidad de una normativa ex-ante que le prevenga de unos peligros que finalmente no se producen.

Como ya he comentado en alguna otra ocasión, considero que sólo deberíamos recurrir a promulgar nuevas normas en los casos en los que sea estrictamente necesario y siempre a posteriori y después de evaluar todas las otras alternativas posibles, así como el impacto que dicha legislación tendría sobre la cuestión regulada.

Y hablando de normas e innovación ¿cómo está asumiendo el propio sector legal la revolución digital? Una vez más los anglosajones tomado la delantera. En el caso del Reino Unido, en el año 2007 se aprobó la Legal Services Act, que admitía la posibilidad de que los dueños de los bufetes no fueran abogados. Es lo que se conoce como ABS (Alternative Business Structures) y ha permitido que empresas con base tecnológica puedan ser titulares de bufetes. Una delas más exitosas es Riverview Law. Su CEO, Karl Chapman, estuvo en un foro en Madrid hace unos meses y explicaba que tomaron la decisión de entrar en el mercado legal por la cantidad de ineficiencias que detectaron.

Pero Riverview Law no es un caso aislado. RocketLawyer y Legalzoom llevan ya varios años poniendo disposición de individuos y pequeñas empresas documentos legales básicos y asesoramiento legal online a precios muy competitivos. Otras empresas en cambio prefieren apostar por nichos concretos: Diligence Engine ofrece una herramienta muy potente para la revisión de todo tipo de acuerdos; Juristat pone a disposición información relevante en los procesos de patentes; Picture It Settled comercializa un software de análisis que puede aportar mucho valor y ahorrar tiempo en las negociaciones y Modria apuesta fuerte por su sistema de resolución de conflictos online, que ha ayudado a Paypal e eBay a solucionar más de 400 millones de casos.

Sin duda uno de los productos que más interés está despertando es Watson, creado por IBM. Se trata de una tecnología que procesa la información más como un ser humano que como un ordenador tradicional, puesto que es capaz de comprender el lenguaje natural oral y escrito, de generar hipótesis basadas en la evidencia, y de hacerse más inteligente cada vez, aprendiendo de las interacciones previas. Además analiza y procesar datos no estructurados (80 por ciento de la información actual de internet). IBM lo denomina computación cognoscitiva y es un concepto que va más mucho más allá del big data. Hay expertos que consideran que es probablemente la tecnología más importante que ha llegado al mundo legal y que permitirá a los abogados pensar y actuar de manera mucho más innovadora, sobre todo a los más jóvenes, que serán los early adopters.

“En las próximas dos décadas, el sector legal va a cambiar más que en los últimos dos siglos”. La cita es de Richard Susskind, que lleva 30 años estudiando cómo afecta la tecnología al mundo del derecho y es uno de los mayores expertos mundiales en la materia. De hecho acaba de publicar “The future of the professions”, un libro muy interesante, en el que expone su punto de vista respecto del impacto que ya están teniendo las tecnologías emergentes en la forma que trabajamos y trabajaremos en el futuro próximo.

Este artículo se publicó originalmente en la edición de diciembre de Leaners Magazine.

Foto del usuario de Flickr Clearly Ambiguous

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